martes, 19 de julio de 2011

El rostro en la mano

Tienes
el rostro en la mano.
Como un farol certero.
Como muslos de pana
que no hay flor,
no importa.
Cada vez que cavo
hondo,
al fondo
encontraré
que no hay un puto rostro
en tu cara.

sábado, 16 de julio de 2011

Todas las cosas

Me encantan todas las cosas
que no puedes entender.
El barro en los ojos
las lágrimas de arcilla
y lodo.
Todo
lo que tú no entiendes.

viernes, 3 de junio de 2011

Me das lo mismo

Escúchame.
O no
Desodorante

Abollado

Estoy muy abollado.
Abollado en lo feo que se ve,
en lo que se huele
y en el color de dentro.
Y qué más da?
Si me dedico a ofrecer el fondo feo

No existo

Hola, buenas noches
Ahora no existo
¡Gloria! Ahora no existo
Porque resulta que
a veces,
válgame dios,
los charcuteros del amor deciden lo que es cultura.
Un rollito de primavera
un poquito de oprovio
un puerquito de Pravia
15 años tiene mi amor
y ahora si ponemos un numerito
estamos de moda.
Déjalo estar, no es útil ni sirve
y nadie ha oido nada.

lunes, 3 de enero de 2011

Capacidad de insistir

Y es porque desde pequeño, parece que no lo veía nítido. Aunque bien pensado no es exactamente nitidez lo que buscaba, pero la incapacidad de conseguir lo escueto y justo, entendido como apropiado, debe ser lo que me ha empujado a conseguir inacabados perfectos.
Hecho en el pasado, per fecto. Tampoco estoy seguro, hablo de un recuerdo, pero al final da lo mismo, el caso es que el señor pequeño no es exactamente nítido, pero parece algo distinto a lo que los que lo hacen bien consiguen.
Menuda tontería, al final estar pensando y malgastando renglones.
No se exactamente si en el cubo de tu sueño reverberan los rasgados. En cada pincelada absurda, cada trazo convulso. Una vez confiaste en mi para esto. Como tarea. Y para mi no hay sueño. Lo siento, macho, pero no se si lo recuperaré, o tal vez tendre que compensartelo.
Me imagino que es lo que acabaré haciendo.
Otro placer, una noche más.
Veintiún velas
Y un deseo en tímpano agudo de odio.
shhhh! nadie lo sabe!

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Recuerdos de un señor de Murcia

Pablo Alberto Murciano Antón.
Me gustaría saber, entre otras cosas, cómo es posible un olvido tan árido que me haga plantearme cómo dar título a una cosa que existe sólo porque ya no existes.
Desde el Valhalla, donde sonríes con dientes negros, emana un halo que hace que mi frase anterior sea falsa.
Mi propio ridículo en cinco líneas del puto editor este.
Muy agusto al saber que sólo estamos tú y yo.
¿Olvidaré este sitio? No recuerdo haberlo creado.
Soy el espantapájaros de lo que antes era.
"Recuerdas qué vampiro era yo?"
Aún conservo a Paquita. Me da miedo tirarla, no sabría cómo explicar su procedencia. No sabría justificar nada.
Término mal empleado. No quiero hacer justo en absoluto nada.
Pero da la casualidad de que parece que la cosa es más ininteligible de lo que yo pensaba.
Puede ser un despiste mio.
O puede ser que algún gilipollas haya entrado aquí buscando zombies.
Pues se de un señor de Murcia que no esta vivo. Ni está muerto en cuanto a la capacidad de motivarme.
Y eso no va a cambiar.
Yo digo siempre.
Ahora soy feo y estoy magullado.
Yo digo siempre.